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Visionarios y pioneros. Una empresa familiar que parte de la tradición rumbo a un sueño. Para cambiar las cosas, aprender y compartir. La pasión y el compromiso de un hombre como base del éxito de hoy. Ese es el origen de Camper.
Camper es la historia viva de una empresa familiar y de una gran familia de creadores que, durante más de un siglo y a lo largo de cuatro generaciones, se han dedicado a la industria del calzado. Aunque Camper nació en 1975, para comprender en profundidad su verdadera esencia, sus valores y su compromiso, hemos de remontarnos más de 120 años atrás.
En 1877, Antonio Fluxà, un experto zapatero, zarpó rumbo a Inglaterra con el fin de conocer nuevos métodos de fabricación industrial. A su regreso, reunió a los mejores artesanos del cuero de Inca (Mallorca) y les mostró las primeras máquinas empleadas para fabricar zapatos. Todo un símbolo de modernidad, un espíritu innovador que se trasmitió a las generaciones futuras, una determinación revolucionaria, un profundo respeto por la profesión, por los productos de calidad y, por encima de todo, por la funcionalidad.
Su hijo, Lorenzo Fluxà, nació en una fábrica de zapatos. Heredó de su padre tanto el gusto como el entusiasmo por este sencillo objeto, siempre parte de un par, que nos mantiene en contacto con la tierra. Continuó la tradición de su padre mimando la calidad e innovando los procesos de fabricación industrial.
Los cambios históricos y sociológicos acaecidos en España a mediados de la década de 1970 se reflejaron en una nueva actitud ante la vida: se desarrollaron nuevos estilos, nuevos conceptos y un nuevo espíritu de aventura. Con el sólido respaldo de más de un siglo de tradición, Lorenzo Fluxà, nieto de Antonio, creó Camper en 1975, con la idea de convertirla en una marca cuyo concepto reflejara un nuevo estilo de vida, una nueva forma de pensar, basada en la libertad, la comodidad y la creatividad.
En 1981 se inauguró la primera tienda Camper en Barcelona, con la que vio la luz un nuevo concepto que revolucionó el mundo de las tiendas de zapatos, con atrevidos elementos gráficos y una funcional exposición por tallas sin precedentes. En 1992, comenzó la expansión internacional, con la apertura de filiales en las principales capitales europeas de la moda: Londres, París y Milán. En la actualidad, Camper es la empresa más antigua del sector en España y ha logrado además mantener un crecimiento ininterrumpido durante cuatro generaciones.
Diseño: una mezcla única de ética y estética. Los orígenes y la filosofía de la marca cogen forma a través de su historia gráfica. Esta es la mejor representación de su identidad mediterránea, con sus profundos valores, su fusión de culturas y su inspiración creativa.
La comunicación ha sido uno de los pilares fundamentales de Camper desde sus comienzos. No sólo con un objetivo comercial, sino con el fin de transmitir un mensaje sincero, la comunicación de la marca ha evolucionado combinando ironía y reflexión.
En 1975, tras elegir la palabra Camper (“campesino” en Catalán) como nombre de la marca, Lorenzo Fluxà, junto con Carlos Rolando y Joaquín Lorente –los primeros “conspiradores” de Camper– empezaron a pensar en cómo consolidar el nombre y cómo transmitir todas las ideas que les sugería. De ahí surgieron el logotipo original –con tipografía negra–, las primeras campañas publicitarias y el material que acompañaba a los productos Camper en tiendas multimarca.
En 1981, coincidiendo con la apertura de la primera tienda en Barcelona, el logotipo Camper se modificó, ya que iba a utilizarse por primera vez en la fachada de una tienda, y necesitaba ser más llamativo. Ése fue el momento en el que se incorporó el color rojo al logotipo, y se cambió el color de la letra a blanco, lo que marcó el inicio de la verdadera historia gráfica de la marca. La apertura de la tienda impuso la necesidad de desarrollar materiales gráficos que no habían sido necesarios hasta el momento y que debían reflejar la verdadera filosofía y origen de Camper: bolsas, cajas, pósters, displays, anuncios, catálogos... Todo lo que en la actualidad constituye una parte fundamental de la oferta de la marca y, sin duda, de su reputación.
Recorrer la historia gráfica de Camper en las décadas de 1980 y 1990 supone viajar a través de la propia historia de la marca, su crecimiento y su expansión internacional, así como revivir una historia ilustrada a través de la ironía, el humor y, sobre todo, la imaginación.
En el año 2000, con el cambio de milenio, Camper decidió adoptar un nuevo enfoque en relación con la comunicación: en lugar de centrarse exclusivamente en el producto, se pretendía ahora expresar la propia imagen de la marca. Este cambio obedeció a dos razones principales: Camper era ya una marca conocida entre los consumidores, quienes automáticamente la asociaban con el producto; sin embargo, la intención era mejorar la cultura de la marca y, con ello, también el producto, desarrollando un nuevo mensaje. Ese “nuevo” mensaje se remontaba en realidad al origen: el Mediterráneo, la cultura de Camper y sus raíces. La evolución del mundo incorporó nuevos soportes, como la web. Y el dinamismo propio de la compañía dio lugar a piezas como el magalog (revista-catálogo), cortometrajes, etc.
A lo largo de los años, Camper ha cuidado con esmero la representación gráfica de los conceptos, siempre con un espíritu muy abierto, que le ha permitido contar con la colaboración de más de cuarenta artistas y diseñadores en sus numerosos proyectos.
1998: PREMIO NACIONAL DE DISEÑO
En 1998, Camper fue galardonada con el Premio Nacional de Diseño, que otorga anualmente el Ministerio de Industria y la fundación BCD (Barcelona Centro Diseño). Este prestigioso premio constituye el máximo galardón que se puede otorgar a empresas y profesionales en reconocimiento a su destacada aportación al mundo del diseño. El premio se entrega durante una ceremonia a la que asiste Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I. Se premia la trayectoria profesional de una empresa, no un diseño concreto. Se reconoce el valor de la organización, su actitud y su ética de trabajo, así como los resultados obtenidos a lo largo del tiempo.
Para Camper, el diseño significa tres cosas.
El deseo de integrar estética y funcionalidad en nuestros productos; ética y estética; imaginar nuevas soluciones, incorporando la tecnología que tenemos a nuestro alcance, para hacer productos más útiles y más responsables que puedan contribuir a la salud de los clientes y a su calidad de vida global.
Para Camper, un objeto de diseño no es algo frívolo e inútil. Nuestra sociedad a menudo elogia “objetos de diseño” que, desde el ideal de uso cotidiano, sólo presentan, tras un breve espacio de tiempo, su incapacidad para servir a su función principal. Los zapatos Camper siempre han destacado por su comodidad, su tecnología, su respeto a la tradición, su funcionalidad y su diseño imaginativo.
El diseño implica identidad. La imaginación, la creatividad y las ideas no surgen de la nada. Nacemos y vivimos en un contexto cultural determinado y, como consecuencia, el diseño se ve claramente influenciado por la historia, la cultura, las circunstancias y el paisaje que nos rodea.
La identidad de Camper es el Mediterráneo: la encrucijada de culturas que se refleja tanto en sus muchas contradicciones como en sus innumerables virtudes. Modernidad y tradición, creatividad y austeridad, respeto, discreción y sencillez.
El diseño constituye una eficaz herramienta para avanzar en un mercado global en constante evolución y cada día más competitivo; es un valor añadido y, si bien no resuelve todos los problemas de una empresa, sí contribuye a adoptar lo que podemos considerar un enfoque cultural y humano de la actividad empresarial. Para Camper, este premio no sólo refrendó nuestros esfuerzos, sino que nos animó a través del reconocimiento a seguir conduciéndonos por el mundo con imaginación, ofreciendo diversidad a un público diverso.
Camper es una forma de caminar. Y sus productos son fruto de una filosofía de vida, una forma de pensar y un modo de hacer calzado. Con interpretaciones diversas, porque la creatividad no tiene límites. Confort e imaginación, para llegar a donde quieras como tú quieras. Una familia numerosa.
Camper no es un tipo de zapatos concreto, sino un estilo, una filosofía de vida, una forma de pensar y un modo de hacer calzado. Camper es una forma de caminar.
No se pueden entender de verdad los zapatos Camper sin conocer nuestro orígen y nuestra tradición. Camper nació en el Mediterráneo: una parte del mundo única, escenario de la integración de distintas culturas, es decir, de la diversidad. También es famosa por la arraigada tradición zapatera que, desde el año 1877, siempre ha combinado diseño y funcionalidad en su esencia.
Como resultado, Camper es dual y contradictoria: la diversidad y la coherencia (por sus orígenes) y el diseño y la funcionalidad (por la tradición), coexisten en el espíritu de la marca, y se transmiten al producto. Los zapatos son, por tanto, el vínculo entre los orígenes y la tradición, por un lado, y la realidad urbana del mercado por otro. Evocan los sólidos valores del mundo rural mediterráneo: comodidad, duración y sencillez. Los zapatos Camper incorporan estos valores al universo urbano a través de su sofisticación informal, su cuidado diseño, la ironía y, por encima de todo, la imaginación. Combinan comodidad e imaginación, tradición y modernidad, tecnología y estética.
Camper ofrece diversos productos que son el resultado directo de su compromiso con la creatividad. Los zapatos son cómodos, informales, útiles, funcionales y versátiles. Camper fabrica zapatos para caminar pero, al mismo tiempo, también para imaginar, innovar y divertirse, con un toque claramente mediterráneo, tan creativos e individuales como los propios seres humanos.
En Camper estamos convencidos de que hay tantas formas de caminar (cómodamente) como personas distintas; por ello, no se nos puede identificar con “un zapato” ni con “un estilo” concretos.
Los productos de Camper se pueden agrupar por “conceptos”. Algunos evolucionan de modo más sutil que otros: Camaleón, Pelotas, TWS, Brothers, Industrial o Wabi, por ejemplo. Otros cambian con más frecuencia y de modo más radical, marcando nuevas tendencias en el mundo del estilo. La diversidad que se pone de manifiesto en nuestra gama de productos constituye la forma en que Camper hace realidad el respeto por la libertad y la identidad personal. Los zapatos Camper no son una idea rígida a la que uno deba adaptarse, sino un amplio abanico del que se puede seleccionar el zapato más cómodo, el que permite sentirse más identificado con uno mismo.
Por último, pero no por eso menos importante, los zapatos Camper destacan por su calidad. Sólo las mejores pieles del mundo, naturales, hidrófugas y resistentes, pueden hacer que la calidad y la ligereza sean compatibles. Hormas que se adaptan a la estructura ósea y al movimiento natural del pie, y suelas creadas con diseños exclusivos e innovadores que reflejan nuestra particular forma de mantener el contacto con la tierra. Productos que combinan la mejor artesanía con modernos sistemas de fabricación, usando tecnologías respetuosas con el medio ambiente. Comodidad en los pies y también en la cabeza. Zapatos que cuidan de la salud de quienes los usa y que además estimulan la imaginación.
Árbol genealógico de Camper: conceptos históricos
El primer modelo comercializado por Camper en 1975 fue el Camaleón, concepto que introdujo por primera vez en España el estilo casual y dio pie a un torrente febril de creatividad que acabó por consolidar la marca. En 1981 se creó el Runner, el primer calzado deportivo pensado para antes y después del deporte. Calzado urbano por excelencia, combinaba la estética urbana con la comodidad de un deportivo. Un año después, Old Bachelor revolucionó el clásico zapato de cordones incorporando una suela de goma. A mediados de la década de 1980, los jóvenes más modernos optaron por el Palmera/Spiral, de 1983, y los más urbanitas se decantaron por el aspecto militar del Kenboot, de 1984. En 1988, vio la luz el TWS, con sus pares asimétricos pero complementarios, un concepto verdaderamente único. Dos años después asistimos al debut del Industrial, con su fabricación casco, precedente de las tendencias actuales. 1992 fue el año de la presentación de Brothers, un concepto versátil y multicultural que supuso un reto en toda Europa, ya que en ese año Camper cruzó las fronteras españolas hacia el resto del continente. A continuación apareció el modelo Terra, de 1993, un calzado rural que de nuevo hacía honor a los orígenes de Camper. Tras él llegó su polo opuesto: Mix, un zapato híbrido con un diseño futurista, reflejo perfecto de la vida urbana. Ese mismo año comenzó su andadura nuestro héroe retro: Pelotas.
Camaleón: nacido hace muchos años, alrededor de 1928, el Camaleón era un calzado práctico, pensado para el trabajo duro . Fabricado a partir de neumáticos gastados y lona de los propios neumáticos, los artesanos mallorquines cosían estos zapatos a mano con hilo de cáñamo cortado a medida, para después envolverlos en periódicos viejos para su distribución. Alrededor de los años 30, la lona de los neumáticos fue sustituida por lona de carruaje, más resistente y menos dura. En 1931, con la incorporación de la puntera y la talonera de piel, nació el primer Camaleón tal y como lo conocemos en la actualidad. Camper reinventó este zapato en 1975 y lo bautizó con el nombre de “Camaleón”: un zapato rural para la gente de la ciudad, que reflejaba el espíritu sencillo y funcional de sus raíces mallorquinas. Fue el primer zapato comercializado por Camper y, en la actualidad, constituye un estándar del estilo y la filosofía de la marca: rural, sencillo, irónico, práctico, cómodo, reciclado y urbano. La sabiduría de generaciones de campesinos combinada con la artesanía legaron una herencia extraordinaria que Camper supo plasmar en este exclusivo zapato, que no sólo se arraiga en la tradición más práctica, sino que recupera además una forma de entender la vida, de relacionarse con la naturaleza, de respetar el entorno. El Camaleón es además un zapato ecológico, ya que está diseñado, desarrollado y fabricado de la forma más respetuosa posible con el medio ambiente. Gracias a ello, Camper obtuvo un importante reconocimiento de manos de la Unión Europea: en el año 2000 recibió la Ecoetiqueta, convirtiéndose así en la primera empresa del sector del calzado en recibirla.
Wabi: palabra japonesa que procede del verbo wabiru, que significa “pedir perdón” y que Camper interpreta con el significado de “sencillo, modesto, sin pretensiones ni artificios”. Con este concepto como inspiración y conscientes del hecho de que gran parte de nuestra vida urbana se desarrolla en interiores, con zapatos que sin embargo están pensados para el exterior, Camper creó el modelo Wabi, un calzado exclusivamente pensado para interiores. Wabi es un zapato natural, práctico y diseñado para utilizarlo en interiores: en casa, en la oficina, en la cocina… Además, está desarrollado con sencillez, destinado a un estilo de vida modesto. Wabi es el resultado de la aplicación del sentido común para crear un calzado funcional y respetuoso con el medio ambiente, un zapato totalmente anatómico y ergonómico. Camper ha reducido el proceso de producción a cuatro pasos industriales y este producto se fabrica con un número de componentes mínimo, lo que permite reciclarlos con mucha más facilidad. Wabi es una propuesta en la que se integran la salud, el diseño y la ecología. Con este diseño ecológico Camper busca la armonía entre el hombre y la naturaleza, armonía que nos llega en forma de “zapato + plantilla + calcetín”, que ofrece distintas combinaciones posibles para adaptarse a cualquier época del año y a cualquier temperatura. Camper procede del mundo rural, aunque sus diseños están orientados a la vida urbana, algo que se pone claramente de manifiesto en el concepto Wabi, que al mismo tiempo subraya la contradicción entre ambos mundos –rural y urbano–, fundamento de la filosofía de Camper.
Un viaje por el diálogo. Una aproximación innovadora a la publicidad que destaca los valores fundamentales de la marca. Con diferentes herramientas para cada etapa del viaje. Y siempre con un punto de vista independiente.
The Walking Society – La sociedad que camina.
Cuando Camper lanzó la campaña primavera/verano 2001, pretendía establecer una nueva forma de comunicación que reflejara el verdadero espíritu de la marca, que integrara la cultura con los productos y que al mismo tiempo humanizara el lenguaje. Así surgió The Walking Society (TWS).
TWS es una declaración cultural con la que Camper expresa que no es sólo un par de zapatos o un tipo de vida, sino una forma de pensar. En la cultura del siglo XXI, libramos una batalla continua por encontrar una alternativa entre dos caminos: el filosófico y el material, entre dos mundos: el desarrollado y el que está en vías de desarrollo, y entre dos entornos: el urbano y el rural. Camper recrea esta contradicción con “Walk, don’t run”, un vínculo entre el mundo rural –sus orígenes– y la realidad urbana –el mercado–. TWS es la forma de expresar esta dualidad. El siguiente paso fue encontrar el modo de transmitir esta contradicción con palabras, imágenes, ilustraciones y personajes que reflejaran este espíritu único de Camper.
De ahí nació “The Med is the Net”. Para Camper, el mar Mediterráneo es una red cultural integrada tanto por personas como por lugares. Con esta idea del Mediterráneo como personaje principal, cada campaña de comunicación recorre un sitio distinto, con personas y costumbres específicas. Camper nos guía por un viaje a través de la contradicción y la reflexión, un viaje en el que dejamos de ser turistas y pasamos a formar parte de una realidad concreta.
En definitiva, TWS representa una sociedad virtual, con personas que comparten el mismo espíritu mediterráneo pero que proceden de realidades culturales, sociales, económicas o geográficas distintas. Personas que dedican sus esfuerzos y su imaginación –de forma individual o colectiva– a aportar ideas y soluciones útiles y positivas para mejorar el mundo.
Imagination Walks
Dentro de cada caja Camper hay una historia. Una caja Camper no se parece a ninguna otra. Dentro de una caja Camper está todo lo que se puede imaginar fuera. Una caja Camper es una ventana, una puerta, el principio de un viaje.
Un viaje a un lugar llamado Imaginación. Y sí, además, dentro de la caja hay un par de zapatos Camper. Ellos te acompañarán en tu viaje. Juntos, tú y tus zapatos. Y entonces sucede: IMAGINATION WALKS.
La máxima expresión de la marca. Siempre rompiendo la forma convencional de hacer tiendas. En 1981, con el concepto de autoservicio. En 2000, con las tiendas temporales. Colaborando continuamente con artistas y arquitectos. Y en las tiendas ReCamper, transmitiendo la misma experiencia de compra.
En 1981, se inauguró la primera tienda Camper en Barcelona. Tras siete años de éxito en tiendas multimarca, Camper pensó que sus zapatos necesitaban un espacio dedicado y alternativo que permitiera a los clientes interactuar con ellos y con la marca. Esto supuso el inicio del desarrollo de las tiendas Camper.
Impulsadas por el concepto de autoservicio, eran tiendas en las que se mostraban todos los estilos y las tallas disponibles. La nueva tienda Camper supuso no sólo una revolución, sino también un escaparate conceptual para una nueva experiencia gráfica: las cajas, los pósters, las bolsas con mensaje y la nueva forma de mostrar los zapatos confirmaron la capacidad de la marca de dialogar con sus clientes. Y los clientes entendieron el mensaje. Las tiendas se convirtieron en una ventana que permitió a Camper observar lo que sucedía en el exterior y ser observada a la vez. Camper mostraba al mundo sus zapatos y su filosofía y, además, tenía la oportunidad de ver lo que ocurría al otro lado del cristal.
La expansión internacional comenzó a principios de la década de 1990. En el caso de muchas otras marcas, las tiendas eran exactamente iguales con independencia del país en el que se encontraran y, aunque estaban muy bien pensadas, el resultado era poco inspirador. Dado que en Camper los conceptos de identidad y diversidad siempre han ido de la mano, la decisión estratégica que se adoptó fue que cada una de las tiendas debía ser distinta.
Walk in Progress
El concepto “Walk in Progress” surgió en el año 2000, ideado para Camper por el diseñador catalán Martí Guixé.
Camper tenía la intención de continuar con la apertura de tiendas a nivel internacional, pero se enfrentaba al problema de que, una vez adquirido el local, debía empezar a comercializar los productos lo más rápido posible a fin de rentabilizar la inversión. Fruto de la necesidad y con el ánimo de satisfacer la filosofía de la empresa, surgió el concepto de tienda temporal “Walk in Progress”. La idea es sencilla: crear un diseño temporal, provisional e interactivo, con mobiliario fabricado con materiales reciclados que permite a la tienda comenzar la actividad antes de finalizar el diseño y la decoración definitivos. Con esta idea como objetivo, la ejecución resulta fácil, rápida y barata. La tienda se decora con una mesa central realizada con cajas de zapatos en la que se muestra el producto. Las paredes se pintan de blanco con el título “imagina un mundo mejor”, y se invita a los clientes a escribir y dibujar sus propios mensajes, ideas, sueños, impresiones, etc., con lo que se subraya la naturaleza interactiva del concepto “Walk in Progress”. En la tienda se exhibe siempre un texto que explica el porqué de la decoración.
Desde su concepción, se han abierto numerosas tiendas “Walk in Progress”: la primera de ellas se inauguró en Milán, en el número 6 de la vía Montenapoleone, en marzo de 2000. Desde entonces, han seguido muchas otras, como la de Roma –Piazza di Spagna, 72–, la de París –Rue Faubourg St. Honoré, 14-16–, la de Hong Kong –Kingston Street, 2-4–, la de Berlín –Neue Schönhauser Str., 11–, la de San Francisco –Grant Avenue, 39– y, por último, la de Londres –Oxford Street, 209–. El concepto de tiendas “Walk in Progress” es práctico y divertido a la vez, ya que permite la interacción total entre los clientes y la marca.
Tiendas Camper Together
A lo largo de su historia, la personalidad de Camper y, en particular, la que se refleja en sus tiendas, se ha visto enriquecida gracias a las aportaciones de numerosos diseñadores, arquitectos y artistas. Carlos Rolando, Javier Mariscal, Neville Brody, Óscar Mariné, Peret o el grupo Memphis, entre otros muchos, aparte de otras personalidades como Fernando Amat, Oleguer Armengol, Jordi Nogués, Shiro Miura o Martí Guixé, han contribuido a lograr que estos espacios sean siempre distintos, siempre especiales, hasta convertirse en un importante activo de la marca, por su capacidad de transmitir los verdaderos valores y la verdadera imagen de Camper al cliente.
Su influencia se ve ahora más fortalecida que nunca a través de nuevos proyectos, de edición limitada, como los desarrollados en colaboración con Jaime Hayon, Alfredo Häberli, los hermanos Campana, Konstantin Grcic, Bernhard Willhelm y los hermanos Bouroullec.
Camper sigue innovando y opta por un nuevo lenguaje con el que comunicar la esencia de una marca que se mantiene siempre fiel a su espíritu original.
Together - junto, con, +, y - busca dar respuesta a la realidad global de nuestros días, mostrando la habilidad de Camper para integrar distintos conocimientos y distintas culturas en un mismo proyecto, y la capacidad de su organización para asegurar una distribución internacional.
Re-Camper
Camper tomó la decisión de desarrollar un nuevo canal para completar el ciclo de vida de los productos que, por distintas razones, no se podían integrar en los canales de distribución habituales –productos con pequeños defectos, excedentes de temporadas anteriores, prototipos y colecciones de prensa, entre otros–. Dado que se encontraban en perfectas condiciones de uso, se buscó “el mejor destino posible” para ellos y, entre otras opciones, se decidió venderlos a precio reducido en las tiendas outlet Re-Camper.
Desde España con un objetivo: compartir nuestro sueño con el resto del mundo. Desde 1992 hasta hoy, 70 países y más de 150 tiendas Camper. Y muchos compañeros de viaje.
Recién iniciada la década de 1990, tras 15 años comercializando sus diseños en España, Camper era lo suficientemente fuerte en el mercado nacional como para iniciar su andadura fuera de las fronteras españolas. Las Olimpiadas de 1992 trajeron consigo un cambio radical de la percepción que se tenía de España y de los productos españoles en el resto del mundo. Camper aprovechó esta nueva tendencia para aventurarse en el mercado europeo, dirigiéndose primero a los mercados más difíciles de forma simultánea: Londres, París y Milán, ciudades donde se encuentran los principales marcadores de tendencias y líderes de opinión del mundo.
Tras el éxito obtenido en la expansión a Europa, en 2002 Camper decidió cruzar el Atlántico e iniciar la distribución en Estados Unidos, donde se inauguró la primera tienda en el Soho de Nueva York y, un año después, la segunda en San Francisco. El concepto y el producto de Camper llamó pronto la atención de la crítica especializada en la industria del calzado y atrajo sobre todo al público japonés de esas ciudades, tanto residentes como turistas, quienes descubrieron que el concepto de Camper y sus cualidades esenciales de simplicidad, comodidad, sinceridad y estilo guardaban una estrecha relación con la cultura de su país, Japón. Gracias a ellos, Camper logró establecer los contactos necesarios para presentar sus productos en el mercado asiático en 1996. Las mejores tiendas de Taiwán, Hong Kong y Japón comenzaron a mostrar los zapatos de la marca.
La expansión continuó y, en marzo de 2002, se inauguró la primera tienda Camper en Sydney. En la actualidad, 17 años después de su primera incursión internacional, Camper cuenta con más de 200 tiendas en más de 30 países, y la marca se distribuye en 70 países diferentes.
La clave es la sostenibilidad. Nuestra forma de contribuir al desarrollo social y medioambiental. Un compromiso. Un poco mejor, ¡nunca perfecto!
Camper inició un estudio sobre la gestión de residuos en sus oficinas centrales de Inca –Mallorca– en 1998, enmarcado en el contexto de un amplio sistema de gestión ambiental que estaba siendo implantado en la compañía.
El desarrollo sostenible también incluye compromiso social, lo que llevó al nacimiento del proyecto Jardines Comestibles, en el que los jardines escolares se convirtieron en el objetivo de un proyecto medioambiental con el que Camper buscaba educar a los niños que se desenvolvían normalmente en un entorno urbano. La finalidad del proyecto era enseñar a los niños cómo conservar y respetar la naturaleza creando y cuidando un huerto. Camper fabrica un producto “rural” destinado a un uso “urbano”, por lo que el concepto de los jardines comestibles se ajusta perfectamente a la filosofía de la empresa y a su espíritu, ya que une la tradición agrícola con un innovador proyecto de educación medioambiental en un entorno completamente urbano.
En este proyecto, que se desarrolla en colaboración con Diseños Sostenibles, Camper selecciona distintas escuelas públicas en áreas urbanas que tengan preferentemente algún tipo de proyecto de integración. Una vez que la escuela es seleccionada, se pone en marcha el proyecto –dirigido a niños entre 3 y 7 años–, que consiste en crear un huerto escolar y desarrollar un programa de educación medioambiental. Durante el año escolar, los niños aprenden diferentes tipos de siembra, el trasplante de plantas pequeñas, su cuidado y su recolección. Después, aprenden a utilizar los frutos para elaborar tintes, mermelada, tisanas e infusiones beneficiosas para la salud. El proyecto también muestra cómo utilizar el agua de modo responsable y la forma correcta de gestionar los residuos domésticos, e incluye un taller sobre botánica y energía renovable. Cuando finaliza el año escolar, la escuela se compromete a mantener el proyecto del jardín con el apoyo de Camper.
Camper comenzó este proyecto inicialmente en Madrid, en el Colegio La Jara, durante la primavera de 1999, y siguieron después el Colegio Público La Paloma, también en Madrid, el Colegio Público Ponent de Inca y, más adelante, ya fuera de España, la escuela Bethnal Green Primary School de Londres (East End) y la Casa Dei Bimbi de Roma. El último proyecto de jardín comestible se puso en marcha en el Colegio Público El Bosc de Barcelona en el año 2002.